Magdalena Carmen Frida Khalo Calderón, nace en Coyoacán en 1907.

Frida Kahlo nace en la ciudad de México en 1907. Es la tercera de cuatro hijas y vive con su familia en la Casa Azul en Coyoacán. Su padre es un distinguido fotógrafo, al que por esos años Don Porfirio le encarga realizar un registro fotográfico de la arquitectura para publicar un libro con motivo de las fiestas del centenario. La madre de Frida, Matilde, es una mujer de carácter fuerte y muy religiosa que ayuda a forjar una carrera profesional a su marido y cuida la casa.

Frida a los 9 años de edad

La relación de Frida con su padre fue cercana y muy intensa, como refleja la carta que éste le escribe en 1932:
“… recibe cariñosos saludos de parte de tu agradecido papá, quien te quiere mucho, ¿ya lo sabes verdad? Aunque les dé envidia a las demás” Frida le responde y le anexa una foto con la inscripción “Papasito lindo: Aquí va tu Friducha para que la tengas enfrente de tu escritorio y nunca la olvides”.

A través de su padre, Frida se familiariza con la fotografía y el mundo del arte. Desde el principio Frida pintó autorretratos, de la misma forma en que Guillermo los realizaba mediante la fotografía.

Fue una de las pocas mujeres que estudió en la Preparatoria Nacional. Ahí se vincula con un grupo de amigos que se hacían llamar “los cachuchas”. En 1922 Diego Rivera pinta su primer mural en el anfiteatro Simón Bolívar de la Preparatoria Nacional y conoce a Frida. Él será el gran amor de su vida.

El poeta Luis Cardoza y Aragón describió a Diego y Frida de la siguiente manera: eran en el paisaje espiritual de México, algo así como el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl en el valle del Anáhuac.

En 1927, cuando Frida tenía 22 años y Diego 42, se casaron. Don Guillermo Kahlo le advirtió a su yerno que su hija era “un demonio” y su madre comentó que era como si se casara un elefante con una paloma. La relación matrimonial fue tormentosa, pero sus encuentros y desencuentros fortalecieron la unión.
   En una carta de 1946 Frida escribe sobre el cuadro titulado “Árbol de la esperanza, mantente firme”: “Ya casi termino el cuadro, que no es sino el resultado de la jija operación”.

Estoy yo -sentada al borde de un precipicio- con el corsé de acero en una mano. Atrás estoy en un carro de hospital acostada, un cacho de espalda descubierta donde se ve la cicatriz de las cuchilladas que me metieron los cirujanos, jijos de su… recién casada mamá.

El paisaje es de día y de noche y hay un esqueletor (o muerte) que huye despavorido ante la voluntad mía
de vivir”

 

 

 

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